Tuesday, March 01, 2016




El engaño y la mentira de la PSU
Por: Natalia Valdés
http://ciperchile.cl/2015/12/09/el-engano-y-la-mentira-de-la-psu/

¿Es la PSU un “sistema de admisión confiable y transparente”? Si solo se oyen las voces del Consejo de Rectores, pareciera que sí lo es. Según la autora de esta columna, no es más que autocomplacencia. Ella señala que ya antes de ponerse en marcha hace 13 años, los rectores reconocían serias deficiencias de la prueba como instrumento predictor del rendimiento universitario. También dice que la PSU es injusta: excluye a los más de 170 mil alumnos de establecimientos técnico-profesionales y mantiene los sesgos socioeconómicos del sistema. La evaluación que hicieron los expertos de Pearson hace tres años da cuenta de los problemas. Aunque recomendaron cambios profundos, todavía no son implementados.


La semana pasada el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCh) se pronunció, una vez más, como defensor de la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y se felicitaron a sí mismos por su “sistema de admisión confiable y transparente”. Sin ánimo de polemizar, como ex dirigente estudiantil, quisiera ser enfática al señalar que en Chile las últimas 13 generaciones han debido enfrentar una prueba de selección que no da el ancho ni en calidad ni en equidad. El informe de Pearson de la PSU del año 2013 dejó al descubierto sus falencias. También dejó al descubierto el engaño a la opinión pública por parte de los rectores y encargados de las pruebas con respecto a su calidad y equidad. Acá se aplica la famosa frase del presidente Abraham Lincoln: “Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.


Los rectores saben que la PSU es un pobre predictor del rendimiento universitario y es intrínsecamente injusta para casi la mitad de los alumnos de menores recursos de nuestro país (ver reportaje de CIPER). Lo supieron antes de que esta prueba fuera implementada, como lo revelan actas del consejo de rectores del año 2000. La PSU fue una prueba diseñada para evaluar el currículum científico humanista, lo que dejó en una profunda desventaja a más de 170 mil alumnos que estudian en establecimientos de educación técnico profesional, el 41% de la matrícula (Mineduc, 2014). ¿Merece esta prueba los elogios expresados por el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi? A todas luces, no. Asimismo, tampoco se queda atrás el sesgo socioeconómico de la evaluación, ni es claro que el sistema de acceso que hoy opera en Chile no presente además sesgos de género o pertenencia a pueblos indígenas.


Por las deficiencias de la PSU, el acceso a las instituciones de educación superior más prestigiosas –aquellas que participan del Sistema Único de Admisión– es hoy injusto y discriminatorio. Los expertos de Pearson que evaluaron la PSU hicieron hincapié en la necesidad de reformular las pruebas, de manera que se centraran en examinar los contenidos necesarios para predecir el éxito en el rendimiento universitario. Advirtieron también acerca del mal uso que se hacía de los puntajes de la PSU para asignar beneficios estudiantiles, como becas y créditos. Han pasado tres años desde que se conoció el informe de Pearson y las sugerencias contenidas en éste para transitar hacia una prueba que no favorezca de forma arbitraria a los postulantes de colegios particulares pagados, no se han implementado.


La urgencia del cambio es hoy día apremiante. A menos que se implementen las modificaciones medulares sugeridas por los expertos de Pearson, los fondos de todos los chilenos que el gobierno piensa destinar a la gratuidad no van a beneficiar a quienes más lo necesitan y merecen. En cambio, irán destinados a favorecer a algunas instituciones, cuyas autoridades tienen llegada en el mundo político.


Ante la discriminación injusta a la que han sido sometidos los alumnos de menores recursos, en especial los que asisten a la educación media técnica profesional, las palabras del rector Vivaldi resuenan con una nota de cruel ironía cuando afirma: “Hacemos un esfuerzo nacional porque el mérito, el esfuerzo y el talento, finalmente, sea lo único que hoy día entra a cada sala en que se va a rendir esta prueba, y eso como CRUCh nos gratifica”.


¿Cómo pueden los rectores hacer gala de tamaña autocomplacencia, cuando ellos saben que casi un millón de estudiantes chilenos fueron sometidos a ser evaluados por una prueba mal concebida, que examina contenidos irrelevantes que los más pobres nunca tuvieron la oportunidad de aprender durante su etapa escolar? Más que  gratificarse y felicitarse entre sí, debieran estar pensando en cómo corregir y reparar el daño infligido durante trece años de PSU.


Anhelo profundamente que esta reforma educacional comience por erradicar una de las mayores injusticias de nuestro modelo: el sistema de acceso.

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