Wednesday, July 08, 2015



Épocas para intentar ser maestro 1
6 de julio de 2015
Por: Adriana Cecilia Sarmiento Rodríguez
Bogotá- Colombia
IBERCIENCIA, Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.

En días pasados se celebró en Colombia el día del profesor y fue un momento propicio para reflexionar y repensar este ejercicio de vida.

Es imposible afirmar que la educación está logrando las loables metas por las que fue concebida por los antiguos hombres, pero también es cierto que no son las mismas épocas; ni los intereses que movieron a unos se han mantenido inquebrantables hasta el momento.

Si bien, mucho se puede escribir sobre la historia de la "pedagogía" y son muchísimos los estudios recientes sobre la forma de aprender, este escrito es más un llamado a la reflexión presente sobre una labor con mucho recorrido.

La educación es una labor que le corresponde a toda la sociedad y que encuentra su nicho particular en la escuela, en donde el entorno cultural, la herencia de saberes y los temas de ciertas áreas del conocimiento se encuentran para tratar de ser asociados con la realidad. No obstante hay carencia de todo aunque pareciera ser la época de la abundancia.

Se carece en buena parte de los casos de familias comprometidas, que acompañen al niño a encontrarse en sus primeras etapas, con el entorno, a entender su origen, a reconocer en el otro un sujeto que merece respeto y sobre todo, que cada paso en la vida requiere esfuerzo y compromiso…hoy la mayoría de familias, los hacen herederos de propiedades y objetos materiales aún antes de nacer pero les restringen el acceso a su herencia cultural, al amor y a la fraternidad. Esto ocasiona que muchos de ellos en la adolescencia no sean más que "pobres niños ricos".

La escuela, se mueve de un lado para otro entre políticas gubernamentales, procesos de certificación de calidad, parámetros propios de cada institución y porque no decirlo de modas pedagógicas, que cada cierto tiempo mandan al archivador años de trabajo sobre una u otra propuesta que comedidamente expertos han propuesto en diferentes partes del mundo. Entonces la escuela de Singapur por nombrar alguna debe ser el plan a implementar en Colombia (o en Chile), aunque las condiciones sociales, políticas y económicas no tengan siquiera similitudes o si las tienen es porque la globalización nos ha hecho parecidos sin serlo.

Los formatos son la orden del día y los niños y jóvenes el aspecto secundario. Todo se notifica por correo electrónico, ya que hoy es más importante tener una prueba del trabajo que una evidencia de él. Así que enviamos tareas a plataformas digitales para que los papás vean que hay tarea y trabajo, aunque la tarea no tenga ningún significado. Se llenan formas con contenidos y estrategias pedagógicas, aunque al interior del salón poco o nada de lo plasmado se logre.

La escuela se convirtió en el sitio a donde se manda los niños, ojala cada vez por jornadas más largas para que no irrumpan en la casa demandando tiempo y afecto. Y claro a cambio, la institución garantizará mejores ingresos, reconocimientos y menciones.

Y dentro de ella, los actores: los niños, los profesores, las familias, las directivas docentes y la administración.

Familias, que cuestionan cada proceder de la escuela y solicitan de ella un cambio que se ajuste a las condiciones propias y las de sus hijos, no se piensa en colectivo, primará la individualidad y si para ello hay que usar herramientas poco amigables, no se dudará en hacerlo. La evaluación tanto actitudinal como académica será el punto álgido, no se permiten comentarios diferentes a los que los padres o acudientes quieran oír, así que los discursos en la escuela se adornan, se cuidan en las afirmaciones y hasta se registran para evitar malos entendidos y posibles complicaciones posteriores. Muchos niños desde su inocencia no dudan en usar expresiones que se usan en casa para hablar de la labor de x o y profesor y para categorizar el trabajo institucional.

Pero tampoco hay que desconocer que hay escuelas que merecen un juicio permanente. Aquellas que improvisan y han encontrado en la educación un negocio lucrativo. Plantas físicas descuidadas, salones con un número grande de estudiantes, discriminación, presión sobre las familias y los estudiantes, maltrato a los profesores. Claro también hay aquellas que tiene una linda planta física para cobrar más dinero por su servicio pero que no tienen ni idea de la función de la escuela y de los niños que forma en la sociedad y en la búsqueda de mejores posibilidades para todos.

Para no saturar con esta reflexión a los lectores, en escritos cortos posteriores se presentará la posición de la autora sobre los otros actores mencionados. Espero que no se generen susceptibilidades sobre lo mencionado, a pesar de la abundancia de información y de tecnología, de recursos y de muchas otras cosas, en 20 años de ejercicio profesional como profesora se siente pobreza en la educación.

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