Thursday, October 16, 2014

Un homenaje en el dia del Profesor a traves del recuerdo de una maestra: Gabriela Mistral



En el otoño de 1889, el 7 de abril, nació Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, en el pueblo de Vicuña, actual Cuarta Región. Lucila tenía tres años cuando su padre, Juan Gerónimo Godoy Villanueva, abandonó a la familia. Sin embargo, ella recogió de él la vocación literaria y sus admirados ojos verdes.

Petronila Alcayaga, su madre, era una mujer pequeña, de carácter muy sedentario y de gran estabilidad. Conversadora interminable, desarrolló una gran comunicación con su hija, quien más tarde recordó cómo aprendió a conocer el mundo a través de las palabras de su madre.
Petronila era ya mayor al nacer Lucila (44 años) y tenía una hija natural de 11 años, llamada Emelina, que ejerció gran influencia sobre Lucila. Petronila falleció en 1929 y Gabriela le dedicó la primera sección de su libro Tala, denominada Muerte de mi Madre.

Lucila recibió sus primeras lecciones en casa, con su hermana Emelina, y más tarde en la escuelita de La Unión. Su madre la envió a Vicuña para terminar la enseñanza básica; a la vez trabajaría como lazarillo de la directora.

Aprendió la primera amarga experiencia de la incomprensión: la directora le diagnosticó "retraso mental" y provocó contra Lucila escenas escolares de enorme humillación. La estrechez económica familiar y el aislamiento de la región, determinaron que su formación fuese autodidacta, guiada por su interés hacia la lectura y hacia la educación.

En 1904 Lucila colaboró en el periódico El Coquimbo de La Serena, utilizando diferentes seudónimos, como "Alguien", "Soledad" y "Alma", para sus primeros poemas publicados, como Ensoñaciones, Carta Íntima y Junto al Mar. Los títulos elegidos para sus poemas, así como también los seudónimos con que firmó, expresaron el carácter solitario, introvertido y romántico de la joven poetisa. Para mantenerse económicamente, Lucila debía trabajar en diversos lugares. Además de escribir sus versos, se empleaba como ayudante de profesora en liceos. A los 15 años comenzó a trabajar en un liceo de La Compañía, cerca de Vicuña.

Como maestra se destacó bastante rápido. Su entusiasmo, su fantasía y la facilidad de comunicación con sus alumnos la caracterizarían como poseedora de un "don pedagógico".
En 1906 ya trabajaba como maestra en la escuelita de La Cantera. Allí conoció a Romeo Ureta, un empleado de Ferrocarriles. Él ha sido conocido como uno de los grandes amores de Lucila Godoy, incluso, como protagonista de algunos de sus poemas. Su vida quedó profundamente marcada en la de Lucila debido a que, en 1909, él se suicidó.

Alone dijo: "Ese amor y la herida que le causó la muerte pueden considerarse el germen de todo lo demás, incluso del Premio Nobel".

En 1908 Lucila figuró en la antología Literatura Coquimbana de Carlos Soto Ayala. Mientras escribía, en 1910 rindió examen en la Escuela Normal de Santiago y fue profesora primaria en Barrancas.

En 1912 se trasladó al Liceo de Antofagasta, donde enseñó Historia y además fue inspectora general. Ese mismo año fue nombrada inspectora y profesora de Castellano en el Liceo de Los Andes.

Su primer gran éxito literario fuera del ámbito regional ocurrió el 12 de diciembre de 1914, cuando obtuvo la más alta distinción en los Juegos Florales de Santiago con sus Sonetos de la Muerte. A partir de entonces comenzó a utilizar el seudónimo de Gabriela Mistral. Eligió el nombre Gabriela por el poeta italiano Gabrielle D’Annunzio, que ella admiraba en esa época. Y sobre el apellido Mistral, existen diferentes versiones que lo explican: una, por el poeta Federico Mistral; y otra versión señala que Mistral proviene del nombre de un viento provenzal.
El paulatino éxito que comenzaba a rodearla fue empañado con la triste muerte de su padre en 1915. En 1917 fueron publicados 55 poemas suyos en los Libros de Lectura de Manuel Guzmán Maturana.

Gracias a la amistad desarrollada entre Gabriela Mistral y el matrimonio conformado por Pedro Aguirre Cerda y Juana Rosa Aguirre, él, como ministro de Educación, la nombró profesora de Castellano y directora del Liceo de Punta Arenas en 1918. En sus versos se define a sí misma como un "témpano". Su estado anímico se reflejó en la primera parte de Desolación (1922). Su carácter evasivo y a la vez suspicaz, así como también su extremada reserva hacia los asuntos personales, llenaron su vida de misterio.

Pero la expresión literaria de Gabriela Mistral no dejó dudas acerca de sus concepciones románticas y religiosas, a la vez que de su gran capacidad imaginativa. Fuerte y enérgico, el castellano adquirió en ella un estilo inigualable. Nuevamente como profesora y directora se trasladó a un liceo en Temuco, en 1919.

En 1922 fue invitada a México por el Ministerio de Educación de ese país, con el fin de participar en los planes de la reforma educacional mexicana, y en la organización y fundación de bibliotecas populares. Fue muy bien recibida y apreciada. A su cooperación se respondió con varios homenajes como, por ejemplo, la denominación de un colegio con su nombre, Gabriela Mistral. En esos años ya era conocida internacionalmente.

En 1923 publicó Lecturas para Mujeres, en México. La Editorial Cervantes de Barcelona publicó una antología, Las Mejores Poesías. De regreso en el país, la Universidad de Chile decidió otorgarle a Gabriela Mistral el título de profesora de Castellano (1923).
En 1924 se embarcó por primera vez a Europa. Publicó en Madrid Ternura, pequeño volumen de versos dedicados a los niños. Visitó Estados Unidos y otros países de Europa.
Al año siguiente estaba de vuelta en Latinoamérica y recorrió Brasil, Uruguay y Argentina. De regreso en Chile, se le otorgó una pensión y jubiló como maestra.

En 1926 participó como representante de Chile, en el Instituto de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones en Ginebra. Fue nombrada secretaria de una de las Secciones Americanas de esa misma organización. También estuvo en Suiza en un Congreso de Educadores en Lucarno (1927).

Al año siguiente asistió al Congreso de la Federación Internacional Universitaria de Madrid como delegada de Chile y Ecuador. Meses después le fue asignado un cargo en el Consejo Administrativo del Instituto Cinematográfico Educativo.

Viajó a Estados Unidos en 1930. En establecimientos educativos de ese país llevó a cabo actividades pedagógicas, como seminarios para la secundaria. Un año después recorrió algunas naciones centroamericanas y antillanas, donde continuó con cátedras sobre literatura. En la Universidad de Puerto Rico desarrolló una charla sobre literatura hispanoamericana. Además realizó otras conferencias en La Habana y en Panamá.

En 1932, Gabriela Mistral fue designada cónsul particular de libre elección, trasladándose a Génova. Una vez que declaró su posición antifascista, dejó su cargo. Pero en 1933 fue incorporada al mismo en Madrid y después en Lisboa.

Por su importante cooperación en actividades culturales, y su gran desempeño consular, en 1935, bajo el gobierno de Alessandri, se le designó cónsul de elección con carácter vitalicio, por Ley del Congreso del 4 de septiembre de ese año.

En forma paralela a su carrera consular, trabajaba como colaboradora en El Mercurio de Santiago, Crítica de Buenos Aires, El Tiempo de Bogotá, El Universal de Caracas, y en el Puerto Rico Ilustrado. En 1936 viajó a Oporto y después a Guatemala como encargada de negocios y cónsul general. Viajó por Sudamérica con intervalos hasta 1938.

A Gabriela Mistral le impactó la Guerra Civil española. La recaudación que se obtuvo por la publicación de Tala en Buenos Aires (1938) fue destinada a instituciones que albergaron a niños españoles durante la guerra.

Entre 1940 y 1941 continuó con su trabajo consular. Estuvo en Niterol, Brasil. Luego se estableció en Petrópolis, en las montañas, a 75 kilómetros de la capital.

El 14 de agosto de 1943 Juan Miguel su sobrino Yin-Yin, hijo de Emelina se suicidó. Fue su peor tragedia, ya que el joven de 17 años había sido adoptado por ella como un verdadero hijo. Viajaba siempre a su lado.

El 15 de noviembre de 1945, cuando la mujer no votaba aún en nuestro país, Gabriela Mistral se convirtió en la primera poetisa y literata hispanoamericana galardonada con el Premio Nobel de Literatura. El 18 de noviembre viajó a Estocolmo a recibir esa distinción de manos del Rey Gustavo de Suecia, el 10 de diciembre de 1945.

Tras recibir el Premio Nobel, Gabriela Mistral continuó sus labores consulares. En Estados Unidos asumió el Consulado de Los Ángeles, y después en Santa Bárbara. En 1947 recibió el título de doctor honoris causa del Mills College, Oakland, California. Volvió a asumir cargos diplomáticos en México en 1948, en Veracruz.

En 1950 se le distinguió con el Premio Serra de Las Américas. Posteriormente viajó a Génova y a Nápoles, donde asumió otro período consular. En 1953 regresó a Estados Unidos, como cónsul en Nueva York. Ese año participó en la Asamblea de las Naciones Unidas representando a Chile.
En 1951 Chile le concedió el Premio Nacional de Literatura. Cinco años después, 1956, tras una estadía en el extranjero, se le organizó un homenaje oficial. Ese mismo año publicó Lagar, reconocido como su obra de madurez.

Afectada de cáncer, Gabriela Mistral falleció el 10 de enero de 1957 en el Hospital General de Hampstead, en Nueva York. Sus restos fueron traídos a Chile el 19 de enero. Actualmente, yacen en el pueblo de Montegrande, en la IV Región.

Entre las principales obras de Gabriela Mistral están: Sonetos de la Muerte, 1914; Desolación, 1922; Lecturas para Mujeres, 1923; Ternura, 1924; Nubes Blancas y Breve Descripción de Chile, 1934; Tala, 1938; Antología, 1941; Lagar, 1954; Recados Contando a Chile, 1957; y la obra póstuma Poema de Chile, 1967.

Y algunos de sus poemas más conocidos son: Piececitos de Niño, Balada, Todas Íbamos a ser Reinas, La Oración de la Maestra, El Ángel Guardián, Decálogo del Artista y La Flor del Aire.


DAME LA MANO
A Tasso de Silveira

Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...

El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina, y nada más...

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