Sunday, October 12, 2014

Aprendiendo a porrazos:
7 razones por la que la reforma educacional chilena no reformará nada.

 
http://guillermocracia.blogspot.com/2014/08/aprendiendo-porrazos-7-razones-por-la.html

Por estos días está candente en Chile el tema de la reforma educacional. Sepultando por el camino el hecho de que la educación chilena sí ha sido reformada varias veces en el último cuarto de siglo... sólo para que todo siga siendo más o menos como siempre. ¿Alguien recuerda el triunfalismo con el cual se saludó la Ley General de Educación, que debía reemplazar a la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, y al final no reemplazó demasiado de nada, por allá por 2009? ¿O cuando se implementó la reforma de la jornada escolar completa?

En realidad, ninguna de estas reformas atacó puntos substanciales, sin los cuales no habrá forma alguna de que las cosas lleguen a buen puerto. Mientras los señores políticos sigan tratando de parchar lo que no tiene parche, no pasará nada. Por desgracia, está metido en el genoma de los políticos de Chile y de cualquier país, el mantener la inercia de las instituciones tanto como se pueda; después de todo, son esas instituciones gracias a las cuales gobiernan los políticos, de manera que tienden a ser reacios a introducir cambios, cualquier cambio, y por lo tanto, por instinto de conservación, se resistirán todo lo que puedan a los mismos.

A continuación, acá en la Guillermocracia, haremos un diagnóstico de siete puntos que, según parece ser, quedarán como intocados en la reforma educacional, y que conspiran en contra de una educación de calidad. La corrección de los mismos implica una muy seria voluntad política. Pero son indispensables para que Chile tenga por fin algo que pueda ser considerado como educación de calidad.


1.- Se sigue considerando que tener reunidos a 45 alumnos en una sala de clases es una buena idea. 
Lo hemos dicho cincuenta millones de veces en la Guillermocracia.
Incluso cuando Joaquín Lavín era Ministro de Educación, le hicimos una propuesta por este mismo conducto. Y lo volvemos a repetir. Jamás habrá educación de calidad en Chile mientras las salas de clases sigan compuestas de 40 a 45 alumnos cada una. Es imposible. Un profesor llega a la sala de clases e invierte diez a quince minutos en disciplinarlos, a veces más. En el tiempo restante por delante se supone que haga clases, pase materia, haga ejercicios de grupo, y conteste las dudas. Supongamos que cada alumno tiene una duda particular, y el profesor destina un minuto a resolver cada una. En una hora de 45 minutos se le pasó todo el tiempo para los 45 alumnos. La única salida posible es rebajar la cantidad de alumnos de 40 a 45, a 20. Significa duplicar el número de salas de clases, pero a cambio habrán cursos más manejables, menos desordenados, y además, una mayor cantidad de cupos y plazas para contratar profesores, lo que motivará un alza generalizada de salarios, y con ello, mayor motivación para que entren alumnos de calidad a estudiar Pedagogía y salgan buenos profesores. Frente a eso van a clamar con el mismo argumento de siempre: eso requiere invertir dinero, eso va a costar, habrá que subir los impuestos, la ciudadanía no quiere pagar más por lo mismo... Y son argumentos atendibles... si lo que se quiere es seguir teniendo la misma educación modelo granjas de crianza de pollos que son las salas de clases actuales.


2.- No hay incentivos reales para los profesores.

¿Qué obtiene un profesor hoy en día por perfeccionarse? Casi nada. Un alza salarial, es cierto, pero no excesiva. Para la mayor parte de los profesores sale más rentable quedarse con su cartón universitario y no hacer ni postgrados ni magísteres porque deben pagar esos perfeccionamientos de su bolsillo, invirtiendo tiempo y desvelos en ellos. La calidad del profesorado en Chile es bastante baja, pero por otra parte nunca mejorará si es que no se les proporcionan incentivos para mejorar. Súmesele que un profesor hoy por hoy, para ganar un salario decente, debe hacer un mínimo de 40 horas pedagógicas de clases, destinar tiempo adicional a corregir las pruebas y hacer las planificaciones en su casa, de su propio tiempo y su propio bolsillo porque esas actividades ni se consideran en la planificación ni se remuneran, y además de todo eso destinar algo de tiempo al o a la cónyuge y a los hijos; es decir, es la receta segura para fabricar una generación entera de profesores diciendo al diablo, mejor me quedo en donde estoy. Y por supuesto, siendo tan bajo el nivel de remuneraciones de los profesores, cualquier profesor con demasiados títulos y diplomados se transforma en un sobrecalificado. Y se pone peor: si ese es el panorama económico de un profesor, no es raro que los mejores traten de escaparse de las salas de clases y estudiar otra carrera, o bien girarse hacia la investigación académica, cuando la lógica indica que una buena calidad de enseñanza implica que los mejores profesores se queden en el salón de clases, haciendo clases. Una política de mejoramiento de la calidad de los profesores implica por fuerza mejorar los incentivos económicos que éstos tengan para estudiar Pedagogía primero, perfeccionarse después, y quedarse en el salón de clases al último. Lo contrario implica seguir preparando a pedagogos para regalárselos a cualquier actividad que no tenga que ver con formar alumnos.

3.- Economía y Educación Cívica son los parientes pobres de la malla curricular.

Hoy por hoy, la situación de la Economía y la Educación Cívica es bastante desmedrada en el currículum. En puridad, Economía como tal está incluido apenas en Primero Medio, en un mini bloque dentro de Historia y Geografía, y Educación Cívica bajo la denominación de Formación Ciudadana se encuentra también inyectado dentro de Historia y Geografía, de manera difusa a lo largo de todo el programa educativo. Puede parecer que no es demasiada pérdida, considerando que después de todo, son apenas dos asignaturas adicionales en el programa, y ya los chicos están demasiado ocupados aprendiendo lo que pueden de Biología, Lenguaje, Matemáticas, y que el Inglés lo aprendan por su cuenta leyendo artículos otakus en Internet. El problema es que tanto la Economía como la Educación Cívica son las piedras basales sobre las cuáles se construye la sociedad. Un alumno que no tiene idea de cómo funciona la economía ni tiene idea de cuáles son las instituciones que rigen a su país, es un alumno incapaz de funcionar adecuadamente en democracia. Será un alumno sin ninguna noción de responsabilidad personal, que llegue a la universidad y se transforme en un técnico en lo que sea que estudie, no en un verdadero profesional, y después saldrá a ser un lemming tratando de ganar dinero y sobreviviendo en el día a día. Es decir, la clase de profesionales que valora más tener el automóvil del año que ir a votar sobre quién gobernará o legislará durante el siguiente cuatrienio. O peor aún, gente sobreendeudada que no entiende cómo funciona un crédito, o no tiene idea de lo que está en juego a la hora de implementar una reforma tributaria. Simplemente no se puede seguir manteniendo ambas materias como apéndices de Historia y Geografía, so pretexto de que se relacionan y son más o menos lo mismo; aunque hay conexiones con la Historia y la Geografía, tanto la Economía como la Educación Cívica son disciplinas autónomas por derecho propio, y de esta manera deberían dignificarse como ramos particulares en los programas educacionales. Así, una reforma educacional en forma debería incluir, a lo menos en Enseñanza Media, y como ramos obligatorios, un curso de Economía y otro de Educación Cívica. Esa es la diferencia entre tener un fulano sobreendeudado o un futuro John Maynard Keynes. O la diferencia entre tener un picapleitos o un futuro Andrés Bello.


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