Sunday, August 03, 2014



Reporte ONU de desarrollo humano advierte sobre desigualdades en Chile

Diferencias a nivel de ingresos, educación, y de oportunidades entre hombres y mujeres resaltan en el documento divulgado ayer.
por Cecilia Yáñez

Según el Índice de Desarrollo Humano 2014, Chile ocupa el lugar 41 entre 187 países y es primero entre las naciones de América Latina y el Caribe, una comparación que hace cada año el Programa de Naciones Unidas (PNUD) y que se calcula considerando tasa de alfabetización, años de escolaridad, esperanza de vida al nacer e ingreso per cápita de los países.
¿Buenas noticias? Sí, pero no tanto. Chile está a la cabeza entre los países vecinos, pero la desigualdad y las diferencias de género son altas y representan el principal desafío para el país. A nivel global se aprecia una reducción en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que se explica por la situación económica y financiera.
Rodrigo Márquez, coordinador del Informe de Desarrollo Humano de Chile, explica que el país está en mejor posición que el año pasado, siendo parte del grupo de países que muestran un nivel de desarrollo humano muy alto.

Según la clasificación mundial, Chile está un puesto más arriba que en el año pasado. Lo sigue Cuba (44) y Argentina (49) (ver infografía).
Esta posición no es sorpresa. En los últimos 30 años, la esperanza de vida creció en más de 10 años; la escolaridad de los adultos en más de 3 años y el Ingreso Nacional Bruto per cápita aumentó un 168%. Así, en términos agregados, el valor total de IDH de Chile se incrementó en un 28% en ese período (desde 0,640 en 1980 hasta 0,822 en 2013). Un avance sostenido, dice Márquez.

Desigualdad chilena
En lo que más mal está Chile, es en materia de desigualdad. Cuando se ajusta el IDH por desigualdad (no solo los promedios nacionales), Chile cae de 0,822 puntos a 0,661. El porcentaje que más negativamente impacta al IDH es la desigualdad en el ingreso de los chilenos (36%), la desigualdad en educación (13,7%) y la desigualdad en la esperanza de vida al nacer (5,9%).
Además, por primera vez, se calculó el Índice de Desarrollo de Género, esto es, el nivel de desarrollo humano distinguiendo entre hombres y mujeres en 148 países. Solo en 16 de ellos, como Argentina, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Rusia, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia, Suecia, Ucrania y Uruguay, los valores del IDH para las mujeres son iguales o superiores a los de los hombres, ya sea por un mayor rendimiento escolar de ellas o una esperanza de vida muy superior (más de cinco años). La disparidad del ingreso nacional bruto per cápita es muy elevada: en el mundo, el de los hombres es más del doble que el de las mujeres. En este ranking, Chile se ubica 61.

En el Índice de Desigualdad de Género, tampoco estamos mejor, tenemos el lugar 68.
Según Márquez, las desigualdades entre hombres y mujeres se explican por el porcentaje de mujeres que participan en el mercado respecto del total de mujeres (50% en Chile, 68% en Perú y 58% en América Latina, por ejemplo), la diferencia entre sueldos de hombres y mujeres y el acceso al poder político de estas últimas.
“Es una desigualdad de género que es multidimensional. No se trata solo de reglas y política, sino también cultural. Los hombres están muy de acuerdo en que las mujeres trabajen fuera del hogar, pero no apoyan en las labores domésticas y la mujer termina trabajando en doble turno”, dice.
Claudia Sanhueza, investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social , explica que el impacto de la desigualdad es un tema de muchos países ricos y existe un cuestionamiento global por eso. “La desigualdad está acompañada de problemas de salud mental, de delincuencia, de conflicto social, falta de confianza y de cohesión social” que no mide este informe, pero que hoy, mediante otras variables de desarrollo humano sí se pueden medir, dice.
“Para Chile desde el 1980 a la fecha ha sido una trayectoria exitosa, pero no significa que no haya otros desafíos como la desigualdad”, señala Márquez.


La realidad de los planteles que reciben menos recursos del Estado

La U. de Atacama y la UC Santísima Concepción son las que menos aportes fiscales recaudan, entre públicas y tradicionales.
Por R. Montoya y D. Muñoz

Las discrepancias entre las universidades estatales y tradicionales privadas se han producido por la cantidad de recursos que entrega el Estado a los planteles y por la petición de las primeras de recibir un trato especial, en su condición de instituciones fiscales.
Sin embargo, la discusión que concentra por estos días a las principales casas de estudios del país toca con mucho más profundidad a un grupo de planteles, fundamentalmente de regiones, entre privadas y públicas, que a la hora del balance son las que recaudan menos aportes fiscales.

El Estudio Sobre Financiamiento Fiscal a la Educación Superior 2013 de la Contraloría muestra estas diferencias en los aportes (ver infografía).
La U. de Atacama, de Copiapó, es la universidad estatal que menos Aporte Fiscal Directo recibió en 2013, con $ 1.608 millones, monto muy distante de los $ 36 mil millones que entregó el Estado a la Universidad de Chile en esta misma categoría. Su rector, Celso Arias, confiesa que mantenerse con escasez de recursos no ha sido tarea fácil. “Esto ha sido así desde nuestro origen, en 1981, cuando dejamos de ser sede de la U. Técnica del Estado”, comenta.
“Hasta ahora, hemos logrado subsistir con aportes menores, manteniendo el equilibrio en las finanzas y postulando a fondos regionales, que destinamos en abrir y equipar laboratorios y salas de clases, pero necesitamos mayores recursos porque la región nos exige seguir creciendo”, agrega.
Además de las carencias en infraestructura, otra de las dificultades del plantel es evitar la deserción de sus alumnos. “Dos tercios de nuestra casa de estudios la componen alumnos vulnerables de los tres primeros quintiles, que no rindieron una buena PSU, por lo que debemos destinar muchos recursos en evitar que los alumnos se vayan. Para mantener la acreditación, la CNA nos exige que la deserción no supere el promedio nacional y lo hemos logrado, pero tenemos que destinar mucho financiamiento en nivelar alumnos”, señala.
Por lo mismo, tiene sus esperanzas puestas en la Ley de Presupuestos 2015. “El Estado habla de que la educación es un derecho social, por lo que tiene la obligación de hacerse cargo de sus universidades”, critica.
Y si el aumento de recursos se hace real, el rector ya sabe en qué invertirá. “Ampliaríamos infraestructura y matrícula, para evitar que nuestros alumnos tengan que irse de la región para continuar estudios. Tenemos carreras a las que postulan 300 estudiantes y apenas tenemos capacidad para 80”, afirma.

Créditos para crecer
La Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) no es estatal, depende del Arzobispado de Concepción, sin embargo, de las universidades del Cruch, es la que menos platas recibe, con $ 1.251 millones
Su rector, Juan Miguel Cancino, advierte que sus problemas son similares a los de la U. de Atacama. Sin embargo, ellos han podido crecer en infraestructura.
En diciembre inauguraron el edificio Monseñor Ricardo Ezzati, una moderna instalación de 9.800 metros cuadrados que alberga a casa central. “Pero para lograr eso, debimos endeudarnos en créditos por 15 años”, señala la autoridad.
“También abrimos una sede en Cañete, solicitada por la comunidad, donde impartimos carreras técnicas diseñadas para aportar en las necesidades locales”.


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