Thursday, July 31, 2014



1 La educación es desigual porque Chile es brutalmente desigual
http://www.elmostrador.cl/claves/educacion/ 
Por Cesar Farah es profesor universitario, escritor, dramaturgo y músico.

La discutida, publicitada, manipulada, tranzada y alicaída reforma tributaria, fue consagrada, en su origen, como una herramienta para articular y sustentar una segunda reforma, tal vez más importante o, al menos, más mediática: la reforma educacional.
Es la plata de Chile y Chile parece haber visto que uno de sus intereses centrales es la educación. Sin embargo, el debate ha comenzado a enrarecerse, tal como se enrareció el de la reforma tributaria, la que en mi opinión terminó por entregarnos una reforma blanda, pobre, que no hizo cambios estructurales de fondo, que continúa salvaguardando los intereses de los más poderosos y que, vergonzosamente para una gran parte de la clase política, se hizo en el famoso living de un privado, digo para una gran parte, porque hoy día hay nuevos representantes que están cambiando la tradición tibia, capitalista acérrima y deslavada de nuestra política. Pero, también hago notar el efecto “living de Fontaine”, puesto que dicho suceso no solo pone en tela de juicio la transparencia de la reforma misma, sino que de paso, evidencia quienes tienen verdadero poder en Chile y por cierto, deslegitima el poder político, después de todo, si los acuerdos y reformas se tramitan y cierran en el living de los empresarios (o sus representantes) ¿para qué tenemos cámara de diputados y senadores?

Sin embargo, el motivo de este artículo, no es la Reforma Tributaria, sino la Educacional. El debate se enrarece, hablan (por no decir que rebuznan) una serie de peregrinos “expertos” y, lo que es peor, se miente descaradamente, puesto que manipular las palabras (ya no digamos los datos), en un país notoriamente desinformado, es fácil, de hecho, la derecha, lleva haciendo de eso su capital político desde hace décadas y la otrora Concertación, hoy devenida en Nueva Mayoría, también.
Para empezar, no sin desilusión, quisiera exponer que, según me parece, la educación no es una panacea que vaya a solucionar los problemas del país, de hecho, por si sola, como un compartimento único e inmanente, no puede solucionar nada, ni siquiera puede mejorarse a sí misma; esta tesis es fundamental, porque evidencia el que sea tal vez, uno de los problemas más profundos que tiene la educación y da cuenta de por qué las múltiples soluciones que se han tratado de desarrollar con respecto a ella, no han funcionado ni funcionarán.

La educación no es un compartimento descolgado del resto de la sociedad, no es un cuadrante cerrado en sí mismo, autosustentado y diferente, diverso o desconectado de todo el resto de la sociedad, no se puede pensar –ingenua o estúpidamente, dependerá de qué tan sinceros queramos ser- que la educación puede arreglarse sin tener en cuenta el contexto en que se desarrolla la misma, mucho menos se puede pretender que esta solucione los problemas más generales de dicho contexto.
Para aclarar mi punto, quisiera determinar algunos datos concretos y específicos que pueden y deben tenerse en cuenta al respecto y, por supuesto, interpretarlos.
Durante la dictadura militar y especialmente en la década del ochenta, se articuló un sistema de escolaridad que no tiene equivalentes en el mundo, este sistema supone que cualquier hijo de vecino, puede instalar un colegio, dónde quiera, casi con la infraestructura que quiera (sí, así es), estas escuelas tienen fines de lucro (con confundir lucro con sueldos de mercado), con copago de los apoderados y con subsidio del estado. Evidentemente, es un negocio redondo, después de todo, un privado hace un negocio en que además, los apoderados y el estado, están obligados a mantener. Como todo negocio con fines de lucro, supone competencia, esta, necesaria y pertinente en cualquier otro tipo área, en la educación, es nefasta.
Sistemáticamente, los colegios realizan selección académica, que implican desde certificados de notas y pruebas, hasta entrevistas que dan cuenta de ideologías confesionales, todo esto, por cierto, está prohibido por la ley. Se expulsa a los alumnos menos aventajados rápidamente, instalándolos, en general, en colegios que acogen  a este tipo de estudiantes y que se convierten en una suerte de gueto de “porros”. Como los medidores de calidad académica son, fundamentalmente, el SIMCE y la PSU, se termina enseñando para estos medidores, el resultado es que se hacen clases no para desarrollar los currículos determinados por el Ministerio de Educación, sino para responder bien alguna de estas pruebas, se deja de lado el aprendizaje significativo, para enseñar técnicas para responder facsímiles.

Por cierto, vale mencionar que estas prueba son indicadores de casi nada, porque, las mejoras esperadas no se producen y los colegios (en virtud de la deleznable lógica mercantil que “premia” resultados), falsean los resultados indirectamente, por ejemplo, haciendo faltar el día de la toma de la prueba a los estudiantes que más les cuesta o enseñando para rendir las pruebas y no en virtud de un aprendizaje reflexivo, como ya se dijo.

Esta segregación no es solo en los procesos mismos de enseñanza, por el contrario, es el reflejo del formato general que sustenta el sistema educativo de Chile, que a su vez, solo replica la mala distribución económica y el clasismo del país (la que por cierto, es el verdadero meollo del asunto), puesto que sin duda, la segregación escolar es una de las fuentes más sustanciales de los problemas educativos, que se extiende a la vida adulta, eternizando la desigualdad.
Estudios realizados por Educación 2020 y por  Valenzuela, Villalobos y Gómez, demuestran que en los últimos 10 años, Chile ha producido guetos educativos, guetos para pobres y ricos, segregando la educación en niveles inéditos en el mundo. En su brillante  libro “Cambio de Rumbo”, Mario Waissbluth, hace el siguiente comentario: “Si transportáramos diariamente, durante 14 años, desde prekinder a cuarto medio, a los niños de La Pintana a una escuela privada de Las Condes, y viceversa, dejando en su lugar a los profesores, currículo e instalaciones, los jóvenes nacidos en La Pintana no lograrían ingresar a las mejores universidades y los del barrio alto sí” (subrayado nuestro).
¿Es que los jóvenes de barrios pudientes son más inteligentes que los de barrios más pobres? No, en absoluto, simplemente, se trata del “efecto par” en su versión perversa.
Este efecto (pervertido), supone que lo que se paga en los colegios privados no son mejores clases, sino asegurar que los estudiantes de un nivel socioeconómico, se relacionen única y exclusivamente, con otros de igual nivel. Decimos “pervertido”, porque dicho efecto, en su modalidad virtuosa, debiera funcionar integradoramente.

Esto demuestra, primero, que los colegios pagados no son mejores en nivel de educación, ni en currículo, sino simplemente que se sustentan en este “efecto par”, los estudiantes de las diversas realidades, socializan solo entre sí, se relacionan solo entre sí y, por tanto, generan vínculos, relaciones humanas y económicas, solo entre sí, de este modo, se perpetua la acumulación de riquezas y las diferencias de clases, los ricos se juntan con los ricos y los pobres con los pobres, la riqueza llama riqueza y la pobreza llama pobreza.
La segregación en los colegios de Chile es más pronunciada que los barrios, lo que no solo es antiético, sino que además, supone el hecho concreto de que no se va a mejorar ni superar los niveles educativos con esa realidad, es, de cierto, imposible mejorarla en esas condiciones.

Quisiera insistir en que hay abultada evidencia (nacional e internacional) respecto de que los colegios privados no dan mejor educación  que los públicos, cuando son medidos en pruebas estandarizadas, toda vez que son inspeccionados por efecto par, segregación y rasgos de selección.
Además, es necesario constatar que los países con mejor educación en el mundo (algunos de los cuales poseen posibilidades económicas y demográficas sustancialmente similares a Chile), hacen todo exactamente al revés de lo que nuestros geniales burócratas y empresarios hacen en este aspecto, comenzando por atender especialmente a los estudiantes menos aventajados y valorizar notoriamente la integración escolar, versus la segregación.
Sin embargo, la discusión no puede centrarse solo en los estudiantes y los colegios, pues, los profesores son, tal vez, el punto más neurálgico del tema y creo que el trato con ellos, no solo ha sido injusto, sino que las declaraciones en torno a su estamento han estado marcadas por la estulticia, pero también por la mala conciencia, de hecho, se ha convencido a la opinión pública que los profesores son (somos) incompetentes, tramposos y que se niegan a ser evaluados.
Para empezar, solo el 2%, según datos del MideUC, se niega a ser evaluados, sin embargo, es real que los resultados de estas evaluaciones (vale la pena conocer el formato de elaboración de un portafolio para la evaluación de los docentes, que por tiempo y espacio, aquí no podemos exponer) no son alentadores, dado que un porcentaje inferior al 30% obtiene una evaluación de “destacado”.
¿Por qué tan bajo? Después de todo, ser profesor requiere vocación de servicio público y, en principio, es esta una noble profesión. La lógica, parece demostrar que se trata, como no, de las condiciones económicas y laborales, nefastas, en que el gremio se desarrolla -si se me permite usar la palabra desarrollo, que más parece una ironía cruel, para referirse a este tema-, no cabe duda, que la carrera pedagógica es una de las menos atractivas y más maltratadas en Chile.

Primero y, por supuesto, los bajos sueldos, que son entre 2 y 5 veces inferiores, después de 10 años de carrera, que los de un odontólogo, un ingeniero civil o un abogado, cosa que no deja de parecer exótica, si tomamos en cuenta que son los profesores los llamados a formar a los hijos de padres que están dispuestos a pagar sumas millonarias para una mejor educación básica, media y universitaria, también es extraño si tomamos en cuenta que el capital principal de un país es el capital humano (formado por profesores) y que, sin desmerecer otras profesiones, la de profesor, seguramente es una de las más importantes por la directa influencia que tiene sobre la población.
Quisiera mencionar que países como Canadá, Holanda, Finlandia, tienen una curva proporcionalmente diferente respecto de los sueldos, así, una iniciativa buena (no increíble, buena) como la beca “vocación profesor” no es suficiente para seducir a los mejores estudiantes a ejercer esta profesión. Sin embargo, aunque el salario es un tema central y bastante definitorio, no es el único drama en torno a los profesores, pues sus condiciones laborales son nefastas; nefastas en al menos, dos sentidos, primero en uno general, me parece que nadie desearía trabajar en esas condiciones, pero es especialmente terrible, cuando se habla de un trabajo tan sensible y delicado, tan importante y donde la calidad de las relaciones humanas es tan central, como es en la educación.

Para empezar, el 75% de sus horas de trabajo, deben ser horas aula, lo que está fuera de toda lógica, pues la planificación de clases y la revisión de pruebas, la organización de las mismas, se debe hacer en un tiempo irreal, que por lo general no se paga, lo que es terrible, porque estas actividades son críticas para lograr un buen desempeño dentro de la clase misma. La gran mayoría de los profesores se hallan en la precariedad absoluta en términos de contrato, dado que trabajan “boleteando” durante años, esta es la tristemente célebre imagen del “profesor taxi”, pero aún aquellos que poseen contrato, no se encuentran en una situación digna, pues menos del 25% de los profesores tiene un contrato de jornada completa, según cifras del Mineduc. El promedio de sueldos de los profesores es de 760 mil pesos, que es el promedio de sueldo aproximado para profesionales técnicos y no universitarios (uno se pregunta, cómo un profesor puede especializarse o continuar estudios, si un magister, por lo bajo, vale 200 a 250 mil pesos mensuales), sobre el 30% de ellos reporta estrés y depresión, frecuentemente. Cerca del 40% de los profesores, se retira de la profesión, después de 5 años de trabajo. La carrera docente no es solo es noble, sino también sacrificada, mal mirada y requiere una vocación que no se le exige a casi ninguna otra profesión.

La solución a la dificultad educativa, paradójicamente, no está (o al menos, no está solo) en la tan cacareada “educación chilena”, dado que el contexto político económico es el que (sobre) determina este problema. Chile es un país con una clase empresarial y política totalmente segregada del resto de la ciudadanía, ellos están entre los ciudadanos con mayores ingresos del país, que son, por cierto, solo el 1% de la población, como se sabe, la desigualdad (el verdadero punto neurálgico del problema) en Chile, es una de las más extremas del mundo. Esta clase social, tiene a sus hijos en colegios privados, donde se relacionan con gente de los mismos círculos, reproduciendo relaciones sociales, familiares, económicas y culturales. Esto, además, supone entender que son estos “expertos” provenientes de ese mismo sector, quienes han tenido el monopolio de las decisiones en torno al tema educativo y, por cierto, la historia ha demostrado que no lo han hecho bien, incluso, que su modelo no funciona. Hay aquí una directa relación con la naturalización de las ideas de libre mercado, del consumo y competencia mercantil feroz, que se han convertido en lo único posible, especialmente en materia de educación, para Chile, cuando no lo son. Este no es el único sistema posible y hay países que así lo han demostrado, ojo: para los aterrados chilenos de traje gris y anteojos ochenteros, hablo de países donde no hay dictadores vestidos con uniformes de color verde ni barbas largas, países que hablan incluso otros idiomas que el español, países donde la propiedad privada existe y funciona bien, en fin, países donde el menú cotidiano no incluye a recién nacidos.

En educación se suele hablar de calidad, de mejorar niveles, de desarrollar mejores números y que hay un evidente interés en el tema, si usted lo nota, las palabras que se usan siempre están vinculadas al lenguaje corporativo, las ideas mismas de equidad, posibilidades, reflexión y realización humana, casi nunca aparecen.
Esto es por la evidente relación entre la cultura chilena y el experimento de los chicago boys desarrollado en Chile, en donde desde cero, se aplicó la doctrina más feroz de un capitalismo salvaje y brutal, ciego y que, por cierto, no ha dado resultados, pues ni siquiera la patéticamente famosa “política del chorreo” ha funcionado… tal vez si la hubiesen llamado política del goteo, habría sido más real.
La educación es desigual porque Chile es desigual, brutalmente desigual, segregado, no hay igualdad de oportunidades y las castas sociales solo reproducen, por décadas y décadas, dichas diferencias.
El problema de la educación, no es solo de la educación, lo mismo que la solución tampoco estriba solo en ella. Un estudio reciente, con datos públicos, de la Universidad de Chile, ha demostrado que el 1% del país que mencionábamos unas líneas más arriba, posee un ingreso 40 veces superior al 80% de la ciudadanía, usted no necesita ser abogado, ingeniero ni menos ministro de estado para darse cuenta la razón por la que nuestra educación no avanza ni mejora, simplemente el país no está avanzando ni mejorando, al menos no para el 80% de la ciudadanía, aunque sí para el 1%.

Soy profesor, amo la educación y amo lo que hago, pero la educación no va a subsanar los problemas del país, esto es falso, ni siquiera puede subsanar por sí sola sus propios problemas. Esto no significa que no continuemos luchando por mejorarla, sino más bien que es necesario poner sus falencias y posibles soluciones, en perspectiva con todo el contexto del país y su situación económica, política y cultural. No pueden hacerse reformas importantes, que supongan cambios reales, sin pisar los callos del 1% elegido.


25 DE JULIO DE 2014
2 Advierte problema en A. Latina de "profesores mal pagados que enseñan mal"

The Economist advierte que los chilenos aprenden muy poco en las salas de clases
"Desafortunadamente, es común en las escuelas ver a los niños desatentos hablando entre ellos mientras el profesor escribe en la pizarra. Esto es la enseñanza por memorización, no por razonamiento. Y que impone una desventaja inaceptable", sostiene el diario británico.
http://www.elmostrador.cl/pais/2014/07/25/the-economist-advierte-que-los-chilenos-aprenden-muy-poco-en-las-salas-de-clase/

El semanario británico The Economist publicó ayer una crónica titulada “Ojos en el aula”, donde analiza la educación pública en Chile y en el resto de la región. Al respecto, asegura que “el problema es que los latinoamericanos no aprenden lo suficiente” al interior de las salas de clase.
“El Liceo Bicentenario San Pedro es un moderno centro de enseñanza secundaria en Puente Alto. Inaugurado en 2012, el colegio se encuentra en medio de los vestigios de un barrio marginal donde la expansión urbana se une a los viñedos del Valle del Maipo. La mayoría de sus alumnos proviene de familias clasificadas como ‘vulnerables’. Sin embargo, en pruebas nacionales ocupa el cuarto lugar entre los establecimientos municipales”, comienza el artículo.
Luego cita una frase del alcalde de esa comuna, Germán Codina, quien dijo: “La escuela ha hecho bien contratando profesores jóvenes comprometidos y ofreciéndoles más tiempo para la preparación y formación”.

Sin embargo, afirma The Economist, “vimos a los profesores ordenando la atención de sus alumnos. Desafortunadamente, es común en escuelas latinoamericanas ver a niños desatentos hablando entre sí mientras un profesor escribe en la pizarra. Es la enseñanza por memorización, no por razonamiento. E impone una deficiencia inaceptable a latinoamericanos”.
Si bien reconoce que la región ha avanzado a pasos agigantados en cuanto a matrícula escolar, pasando de un promedio de 4,3 años de escolaridad en 1960 a 10,2 en 2010 –cerca de los países desarrollados– “el problema es que los latinoamericanos no aprenden lo suficiente”. Prueba de ello, son los resultados de la prueba internacional PISA, resalta.

De acuerdo al diario británico, la principal razón para el fracaso escolar de América Latina es simple: profesores mal pagados que enseñan mal.
“Investigadores del Banco Mundial hicieron visitas inesperadas a 15.000 aulas en más de 3.000 escuelas públicas (tanto primarias como secundarias) en varios países latinoamericanos entre 2009 y 2013. Encontraron que los profesores de la región gastaron menos del 65% de su tiempo en la clase realmente enseñando, comparado con una cota de referencia de la buena práctica en escuelas en los Estados Unidos del 85%. El resto del tiempo se pasó para la administración o simplemente se perdió. Esto es el equivalente a más de un día de clases perdido por semana. Los observadores también encontraron que a pesar de abundante material de enseñanza y equipamiento (incluso ordenadores portátiles), los profesores dependen demasiado de la pizarra”, resalta The Economist.

“Cerrar la brecha en el aprendizaje –señala– exige cambios profundos en la forma en que los maestros son contratados, preparados y recompensados. Reformar toda una profesión es complejo, sobre todo porque los sindicatos de profesores tienden a ser poderosos en América Latina. No obstante, algunos países se han puesto en marcha. El siguiente paso debe introducir la evaluación de perfeccionamiento de profesores, y relacionar la paga y la promoción con el desempeño en vez de la antigüedad”, agrega.
“No todo es pesimismo. Chile, Perú y Brasil han experimentado mejoras en sus resultados PISA en el último decenio. La educación hoy en día está en las prioridades de la agenda política de la región. Esto es especialmente cierto en Chile. Influenciado por un poderoso movimiento estudiantil, el gobierno está proponiendo una costosa reforma para prohibir la subvención pública de las escuelas con fines de lucro, el financiamiento compartido y la selección. Es posible obtener un mayor retorno al utilizar el dinero para invertir en profesores de primera categoría”, concluye.


26 de julio de 2014
3 Los postergados de siempre: profesores y su relación con la Reforma Educacional
SERGIO BAEZA CABELLO

Profesor de Historia y Geografía, Licenciado en Historia, Magíster © en Historia y Ciencias Sociales, Diplomado en Gobierno y Gestión Pública, Diplomado en Educación. Experiencia docente en aula y en funciones directivas desde 1993.

En medio de la discusión apasionada sobre los diversos alcances del actual proceso de Reforma Educacional existe un actor social que a pesar de su rol trascendental en educación, no es considerado en el momento de la elaboración, aprobación, ejecución y evaluación de las políticas públicas educacionales ni en el pasado ni en el presente; a saber, los profesores y profesoras que se desempeñan en las aulas escolares de todos los niveles educacionales y en todos los sistemas educativos existentes.
En efecto, los profesores están ausentes de la discusión pública sobre la educación de calidad, gratuidad, dependencia, temas de amplio debate en los medios, pero donde solo tienen voz el gobierno, los políticos partidarios del mismo, los de oposición, la Iglesia Católica, los demás sostenedores privados, los municipios, la prensa y todo aquel que tenga la oportunidad de opinar sobre la pertinencia o no de los cambios educacionales.

¿Por qué el sector más interesado e involucrado en los posibles cambios educacionales no aparece con un planteamiento público claro, categórico ante los demás actores públicos?
En primer lugar, la organización gremial que los representa, el Colegio de Profesores, que desde la importante lucha por recuperar la democracia, a partir de los años noventa se fue desgastando, negociando la mayoría de las veces algunas mejoras salariales y laborales en 23 años. Sin embargo, dicha institución carece de la fuerza convocante suficiente como para posicionarse como una fuerza social que logre hacerse escuchar públicamente.
La clase política ha demostrado un absoluto desinterés por escuchar la opinión de los profesores, no sólo eso sino que visualiza a los docentes como un obstáculo más a enfrentar en medio de la vorágine en que se ha transformado la reforma educacional.

En segundo lugar, los profesores, carecen de unidad, si bien todos se quejan de las condiciones salariales, no poseen ni la capacidad, ni la posibilidad de unirse en las instancias decisivas, pues los profesores de los colegios particulares no tienen opción de movilizarse, la mayoría no tienen sindicatos porque son amedrentados por sus respectivos sostenedores, los profesores de los establecimientos municipales que están más organizados, tampoco representan por sí mismos la fuerza suficiente como para presionar por sus reivindicaciones. Además, hay distancia entre los profesores de los distintos sistemas, lo que termina por debilitarlos al momento de ejercer su voz.
Los profesores no creen en la futura Reforma Educacional, pues todos, mayores y jóvenes, han vivido experiencias de Reformas, algunos, los más antiguos, sufrieron la municipalización y la creación de los colegios particulares subvencionados, a muchos les ha correspondido ser testigos de la Reforma de los años noventa y los sucesivos ajustes y, en todos estos casos, los profesores estuvieron ausentes de la discusión no sólo técnica sino también pública de los cambios educativos. Por ende, ¿por qué debería ser distinto en esta ocasión?

Finalmente, la clase política ha demostrado un absoluto desinterés por escuchar la opinión de los profesores, no sólo eso sino que visualiza a los docentes como un obstáculo más a enfrentar en medio de la vorágine en que se ha transformado la reforma educacional.
¿Por qué no interesa la perspectiva de los futuros ejecutores de los cambios educativos? Acaso tiene que ver con una mirada de la elite política, social y económica que percibe a los docentes como un sector que no está validado para opinar sobre la discusión pública de las reformas educativas.
Como sea, es un error estratégico no incorporar en la discusión sobre los cambios educativos a los profesores, como también lo es no generarles los espacios reales (en la llamada consulta a los profesores realizada hace unos meses sobre los cambios educativos quedó a discreción de los sostenedores su aplicación, además de ser realizada días previos a la presentación del proyecto de ley respectivo del gobierno) para que aporten en la forma que se ejecutarán los cambios. Los profesores no tuvieron mayor participación en la elaboración de la política educativa, si siguen marginados en los pasos posteriores, no se les podrá exigir el compromiso con dicha política, manteniendo de esa forma a los profesores postergados como siempre.



28 de julio de 2014
4 Lagartos, serpientes y dragones llameantes de la Educación
JUAN GUILLERMO TEJEDA
Artista visual

La educación chilena, que fue durante tantos años una cosa como sumergida de la que nadie hablaba mucho (salvo Brunner, que lanzó en Chile los rankings y la medición con cinta métrica de los estantes de la biblioteca y los metros cuadrados de césped de cada colegio o universidad) es hoy un tema que suscita gran interés.
Hay en la actualidad muchos, casi demasiados interesados en lo educacional. Interesarse, sin embargo, tiene significados diversos.
Una gran cantidad de personas está interesada en educarse bien o en educar bien a sus hijos. Personas que se preocupan especialmente (y es una pena) por los costos de la educación, o sea, más por los recursos educativos que por los fines o modos o beneficios de esa educación.
Otros pertenecen a agrupaciones que luchan por algún petitorio con varios puntos y exigen casi siempre muy enojados educación pública, gratuita y de calidad, sobre todo mediante marchas y capuchas. También hay quienes promueven una educación religiosa, en lo posible muy cara, clasista y de calidad, aunque procurando que al mismo tiempo haya muchos que carezcan de aquella calidad para que su propio brillo tenga alrededor tierrales sombríos sobre los cuales expandirse gloriosamente, arghhhh! (rugido de jaguar).

El amplio, generoso e interminable debate en espiral que ha propiciado el ministro Eyzaguirre ha tenido, entre otras consecuencias, la de despertar a las hasta ahora silenciosas salamandras, lagartos, serpientes y dragones llameantes de la educación, es decir, aquellos que utilizan a los colegios y universidades como fuente de poder, irradiación doctrinal y privilegio.
El amplio, generoso e interminable debate en espiral que ha propiciado el ministro Eyzaguirre ha tenido entre otras consecuencias la de despertar a las hasta ahora silenciosas salamandras, lagartos, serpientes y dragones llameantes de la educación, es decir, aquellos que utilizan a los colegios y universidades como fuente de poder, irradiación doctrinal y privilegio.
Unos (los de cota mil) lucran en grande, otros (los de cota 700) en estilo pyme, obteniendo todos sus ganancias no del mercado, como preconizan ideológicamente, sino del Estado. Odian y desprecian al Estado, pero al Estado se arriman para hacer su negocio, no limpiamente sino suciamente.

Desde que fuera fusilado por Pinochet y su gente, el Estado republicano chileno dejó de ser republicano y se limita, en educación, a tres cosas:

Uno: a tirarles un poco de pan y agua a quienes no logran pagar un colegio privado para sus hijos, y ese es el, en general, decadente mundo de los colegios municipalizados (antes la gloriosa educación pública o fiscal), salvo los así llamados emblemáticos, que obligan a esos pobres niños a correr durante toda su infancia la Fórmula 1 de la PSU, donde lo que cuenta no son los valores ni los hábitos ni el saber, sino el puntaje. De sus universidades estatales este Estado pinochetista-concertacionista no se acuerda, y si se le habla de ellas como que tose o se distrae, dejándolas que se maceren en sus recintos poco ventilados y sin financiamiento público.

Dos: el Estado se dedica a traspasar dinero público a la educación privada, y ahí es donde brillan y se agitan las doradas poruñas de los curas y las elásticas fajas de los sostenedores, también los tentáculos de las universidades con fines de lucro pero oficialmente sin fines de lucro, es un lucro no lucro o un no lucro lucro, en fin, los chilenos y chilenas entendemos de qué se trata esa simpática picardía. Son privados pero ahora se llaman a sí mismos públicos, lo que es una sorpresa conceptual aunque, a la vez, una suerte de ternura económica: se trata de captar recursos de todos y gastarlos según decidan unos pocos. Todos ellos van haciendo fortunas mediante el traspaso de fondos que vienen, por ejemplo, de las pobladoras que van a comprar un paquete de tallarines y pagan el 20% de IVA, y van a dar a sus inmobiliarias, hospitales, empresas de catering, transporte, hostelería o lo que sea preciso inventar para succionar. Estos lagartos viven de la tibia teta del Estado, mientras no paran de hablar en contra del Estado. Alaban lo privado pero serían incapaces de organizar una empresa sin contar con los cálidos jugos de la subvención estatal que se aseguran mediante redes de amigos, corrupción de políticos a los que compran con cargos en directorios y mediante los consensos que significan no tocar el corazón del lucro mal habido.

Y tres: el Estado chileno neoliberalizado se limita a dejar en paz y no intervenir en los manejos de todos aquellos agentes o conglomerados que por su gran tamaño logran hacer negocios abusivos de carácter monopólico o multinacional, muy lejanos a la libertad de mercado que pregonizaba Milton Friedman. Nos han dejado así con un Estado no sólo pequeño sino además muy distraído, sin voluntad ni capacidad de regulación para asegurar los derechos de quienes, aunque no sean ricos, siguen siendo personas y son ciudadanos, y que son la gran mayoría del país.
Lo que sale de este ambiente tan turbio es un sistema educativo único, alineado no detrás de normativas estatales que horrorizarían a nuestro rubio Axel Kaiser, sino detrás del dinero. No hay nada tan unificador como los recursos repartidos de manera desigual. La injusticia, el abuso y el miedo de quedarse sin nada producen una rasante geométrica de comportamientos insolidarios, dispersos, periféricos y centrífugos, un orden natural dominado por lo feo, lo abusivo, lo discriminatorio y lo jadeante. Una depresión resentida y poblada de vagos anhelos que no se cumplirán jamás. La convicción, además, de que no nos es posible prosperar como personas si no es a expensas de otras personas.

Nos hemos acostumbrado, en esta cultura de democracia neoliberalizada, a que el debate sobre temas de interés general esté a cargo de quienes tienen intereses particulares, económicos o doctrinales, sobre esos temas. No hacemos ya debates ciudadanos, sino debates entre grupos, entre conglomerados, entre empresas.
Y cuando escuchamos a un parlamentario, a un rector, a un periodista o al vocero de una organización, casi nunca están detrás de esa persona los ciudadanos. Estos personajes son, pese a sus cargos de fachada, modestos aunque bien pagados empleados de poderes inmensos que permanecen ocultos. La gente dejó hace rato de decir lo que piensa, o lo que siente, un poco porque se ha hecho muy complicado, y también por miedo. Miedo a quedar a un lado, a no poder adherirse al indiferente teflón del sistema o, peor aún, a que de repente algún comisario del conglomerado se fije en nosotros y nos comience a hostilizar, transformándonos en parias.
La democracia no ha sido jamás algo fácil. Muchos la ven como una cobertura dulce de un sistema amargo y por eso no les gusta. Pero democracia es que los recursos públicos se usen en beneficio de lo que la mayoría quiere, y no que unas minorías hagan con ellos sus pequeños o grandes negocios religiosos, económicos, doctrinales o sociales, sobre todo si esos negocios van en contra de los intereses de quienes los están financiando. La democracia es cada día y está en manos de todos nosotros.

Hoy se ha abierto la puerta del debate educacional. Entendemos que hay un debate corporativo, entre grupos de interés. Un debate de lagartos gordos y de dientes afilados. Nos vamos entrenando en distinguir los números y los negocios detrás de los argumentos. Las autoridades tienen todo el derecho de recibir en sus despachos a los voceros de aquellos conglomerados. Pero tienen también el deber de escucharnos a todos, de pulsar la variedad de sentimientos y deseos que el tema educacional suscita en todos los chilenos y chilenas, en la sociedad civil, en la gente normal.
Y nosotros, los ciudadanos, podemos elegir entre vivir una vida estandarizada y empobrecida, diseñada por otros para beneficiar sus bolsillos, o vivir en plenitud nuestras propias vidas, desde la libertad, la modestia, la diversidad y, por cierto, el saludable esfuerzo que todo ello comporta.
http://www.elmostrador.cl/claves/educacion/


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