Saturday, January 08, 2011

Un profesor normalista....

SELVA SAAVEDRA
(Pitrufquén, 1902 - Temuco, 1990)
Maestra egresada de una de las ahora desaparecidas Escuelas Normales de Chile, poeta, fervorosa guardiana de bosques y derechos humanos, jardinera de copihues rosados en la que fue su vieja casa temuquense, Selva Saavedra se formó en el camino literario junto a los subversivos de principio del siglo XX, que con sus gestos románticos, sus melenas y sus poemas, desafiaban un orden que parecía inamovible (Guillermo Ravest) Quizá debido a este espíritu rebelde es que fue, hasta sus últimos años, amiga insobornable de los jóvenes, consejera de enamorados y defensora de causas perdidas.



Inició su carrera docente en la única y derruida escuela de la aldea carbonífera de Curanilahue, y la terminó en el vértice del sistema educacional chileno: la Superintendencia de Educación, desempeñándose, al mismo tiempo, como Directora del más importante establecimiento de Enseñanza Técnica Femenina de Santiago de Chile.
Fue una mujer consecuente con sus principios e ideales; valiente, además: ella se atrevió a alzar su voz de protesta en los peores tiempos de la dictadura pinochetista en lugares y ocasiones en que muchos prefirieron callar.
Sus primeros poemas conocidos datan de sus tiempos de humilde maestra en Curanilahue. Toda su poesía está cruzada por el amor, el vuelo de los ideales, la dramática realidad cotidiana. Todo ello y toda ella está en su poesía. Como un roble viejo y aún tierno. Selva es parte de nuestra memoria colectiva. Con sus contradicciones, sus descreimientos con fe, su voz ronca de ex fumadora y sus ojos verdes (...), con (...) su irrenunciable amor al ser humano y a La Frontera (Guillermo Ravest, Crónica para una maestra poeta)
OBRAS PUBLICADAS:
- Versos de Amor y de Dolor. (1984)
- Esta Vida... (1991)

La piedra del tope


Presentamos un tema, colaboración de un amigo virtual (contactado a través de la Sala Docentes del Chat del Portal de Educar Chile).
Nuestros antiguos aplicaban esta denominación a todo lo que surgía como causal recurrente de las desgracias y descalabros que les acontecían. La “piedra del tope” de los fracasos de un equipo de fútbol era generalmente el entrenador. Al perderse una oveja, la culpa era puesta automáticamente en el león. Seguramente había pasado y se había dado un banquete con el animal.
Hoy, al determinar las causales gravitantes en la baja calidad de la educación, no se encuentra otra vía más fácil que responsabilizar al profesor de los resultados deficientes evidenciados en el sistema.
Pero, ¿quién saca la cara por los acusados? ¿Quién se atreve a poner en el tapete las difíciles condiciones en las que trabajamos los maestros chilenos? ¿Quién aclara a la comunidad nacional que el sistema educacional chileno está enfermo porque no se ha ceñido a nuestra realidad, sino que pretende importar modelos extranjeros de dudosa eficacia?


Las autoridades han experimentado por muchos años con la educación, pero lamentablemente sin éxito porque, encajonados en su engreída tecnocracia, han desechado la opinión y la realidad del factor vital del sistema: el profesor.
En vez de culpar de todos los males de la educación a los profesores, sería bueno regular y homologar los marcos curriculares de los institutos formadores de profesionales de la educación, para que se proporcionara a los futuros docentes una formación adecuada, acorde a la delicadeza de su función.
En lugar de imponer cada vez mayores exigencias a los profesores, muchas de las cuales en lugar de constituir un factor de apoyo a su labor, representan un lastre en el desempeño de ella, sería útil considerar y solucionar problemas tan sustanciales como los siguientes:
- La tensión que significa a los maestros y maestras trabajar en una sala de capacidad insuficiente para atender a 45 y a veces más alumnos de los cuales una cantidad significativa presenta trastornos de complejidad año tras año más creciente. Durante 6 u 8 horas pedagógicas, los maestros debemos enfrentar dificultades tan serias y complejas como la diversidad de grados de inteligencia, la gran variedad de realidades socio culturales de las que provienen sus alumnos; la gran densidad de los programas de estudio y la dificultad que representa implementarlos en períodos lectivos insuficientes e interrumpidos. Todo esto en un marco social desventajoso, si se considera la gran crisis de autoridad por la que atraviesa la sociedad actual y que nadie se atrevería a desconocer, donde las cosas han cambiado tanto que al docente no se le trata ya de Señor Fulano o la Señorita Fulana sino con un peyorativo “el profe” o “la profe”, y ello sin entrar a considerar las graves consecuencias que nos ha traído el galopante aumento de la indisciplina escolar, lo que la autoridad educacional enfrenta muy débilmente tras el eufemismo de “conflictos de convivencia”, pero que, ningún colega negará, resulta día a día más incontrolable.


- La presión inmensa que significa, además de enseñar sus materias, cumplir los cada vez más detallados, estrictos y crecientes deberes administrativos que van desde el libro de clases que será objeto del exhaustivo escrutinio de la severa inspectora de subvenciones, pasando por panoramas psicosociales, registros de asistencias, firmas, materias, observaciones, entrevistas, listas de desayuno y almuerzo, estados de avance de una gran variedad de proyectos, programas y concursos promovidos por el Ministerio y una serie de obligaciones que no tienen fin.


- Y qué decir de la cantidad de trabajo que debe llevar a su casa entre los que se cuentan las planificaciones (las que merecen capítulo aparte), preparación de material, corrección de pruebas, control de cuadernos y revisión de otros instrumentos de evaluación, todo esto efectuado en horarios no remunerados y que sustrae de su vida familiar y privada. Porque no se ha de olvidar que los profesores somos también personas, afectas a la fatiga, al desánimo, a la necesidad de distraernos, de informarnos, de acceder a la cultura, de convivir con nuestros hijos que muchas veces sufren la desatención o el maltrato que conlleva la estresante vida de sus padres.


La intención del que escribe estas líneas no es desacreditar nuestra hermosa profesión ni pintar cuadros desoladores con la paleta multicolor de la vida escolar, sino sólo ofrecer al crítico una visión más objetiva de la problemática educacional en cuyo análisis se ha cargado la mano en forma desmedida a este solitario e incomprendido personaje que es el profesor.
Sergio Rojas C.
Profesor Normalista


BIENVENIDOS queridos normalistas a este cyber-espacio generoso que nos acoge y nos reúne. Las distancias de la modernidad nos consuela con estos caramelos para no olvidarnos de la clave de nuestra humanidad: la comunicación. Podremos entrar en un interesante diálogo al que invitamos expectantes, deseosos de conocer sus reflexiones. Compartiremos con ustedes, para inaugurar, lo que de momento nos preocupa...........

¿Y A USTED?

Leí hace tiempo un artículo en El Mercurio, escrito por Joaquín Brünner, acerca de los intelectuales. Se preguntaba el autor, dónde están ahora aquellos intelectuales que discutían posiciones teóricas, al alero del afortunado café que asistía al parto de nuevos conocimientos. Éstos que venían al mundo a provocar, muchas veces sin quererlo, revoluciones en el campo epistemológico del momento. Se originaban en un lugar cualquiera del planeta y se diseminaban como epidemia, con la rapidez necesaria para su propio crecimiento. Estos saberes venían al mundo como hijos, que aun sin ser planificados (tal vez por lo mismo) eran bienvenidos. Venían a veces desde el equívoco, pero todos contribuían a su desarrollo. Aquellos intelectuales fundaron los cimientos del saber actual y al menos algunos de nosotros los extrañamos, no así, al parecer, al autor del artículo, quien explica, casi con satisfacción, que ahora los intelectuales están en el mercado; sí, tal cual, los intelectuales se encuentran, como cualquier otro producto que se vende y se compra, en el mercado. Como nuevas víctimas (¿o cómplices?) de nuestro sistema económico están sujetos al vaivén de la oferta y la demanda. Deben vivir, ya no existen los mecenas interesados en el descubrimiento de los misterios de la humanidad. Las universidades tampoco son refugio de quienes producen conocimiento, ya que deben "autofinanciarse", deben ser viables económicamente, entonces hay que producir lo que se pide, o mejor aun, dejemos que otros produzcan, sale más barato y es menos riesgoso.


Es así, que ahora se produce "a pedido". Se detecta una necesidad (para el sistema, una empresa, etc.) y se contrata a quien pueda dar la solución. Esto, entonces significará que, el intelectual, del área que sea (escritores, sociólogos, científicos, etc.) deberá estar en cartelera permanente para ser solicitado, deberá estar a la "moda intelectual". Más que anticiparse al conocimiento, deberá ponerse al servicio de "clientes". El conocimiento utilitario. Producción intelectual con signo $.
Lo anterior implica la dependencia de quien está capacitado para crear nuevos conocimientos y cuáles son las materias que tendrán posibilidad de desarrollarse (¿Una vacuna para el VIH o armas más eficaces y eficientes?, ¿Invertir en una máquina-robot que reemplace el trabajo de 10 empleados o financiar la obra literaria de un escritor?).


Y nosotros, los simples mortales, debemos encomendarnos a quien creamos y confiar en que quienes disponen en nombre de toda la humanidad, invertirán en el ser humano, en solucionar los grandes problemas de la sociedad actual; que privilegiarán la persona por sobre los equilibrios macroeconómicos; que para lograr la tan ansiada equidad en educación, implementarán políticas que fomenten y establezcan la equidad de vida, lo que haría que la solidaridad sea innecesaria. Confiar en que el financiamiento para las artes también será prioridad, financiar aquello que está dado sólo para su contemplación, para goce del espíritu, aquello que no da dividendo económico pero permite la reafirmación de lo humano.
Humanizar, esa debe ser la prioridad de la actual sociedad, como ha sido el mandato para la educación desde tiempos remotos, alejarnos del primitivismo a través del desarrollo del intelecto y del espíritu, valoración de las emociones y respeto por los sentimientos, propios y ajenos. Tal vez, ahora la tarea es más bien reeducarnos para protegernos de la robotización que se produce por la alta competitividad que se exige a todo nivel, el cumplimiento de metas que cada vez son más altas y obligadas, ya que son requisito para mantenerse en un sistema, ya sea una empresa privada, un ministerio, mantener una beca, ingresar a un colegio, una universidad, etc. Son pocos los que trabajan por el placer que les produce o que estudian por el goce del descubrimiento, del encontrar respuestas o el despertar de más preguntas. Se cumple, impelido por la obligación, por la imposibilidad de detenerse y mirarse a sí mismo y al mundo que les rodea, por imposibilidad o por miedo. Miedo a descubrirse domesticado o adormilado, prisionero de las que cree son sus propias metas y darse cuenta de la humanidad que ha perdido, de la complicidad que ha ejercido, al contribuir al sostenimiento de esta sociedad con su indolencia, ignorancia, comodidad, ambición, materialismo o individualismo. Pero este es el hombre y la mujer ideal para mantener el sistema. Estas son las características que debe reunir el hombre "exitoso", además de saber lo suficiente para ser eficaz en su trabajo, mientras menos se cuestione, mejor, menos se distrae y más produce, hacer lo que se supone hace una persona exitosa, lo que se traduce como feliz, lucir feliz, aunque realmente no lo sea, si es que se da cuenta, porque nunca supo, porque no tuvo el tiempo o el coraje para detenerse a reflexionar sobre sí mismo y descubrir cual sería su vida si pudiera comenzar de nuevo.


Comenzar de nuevo. Siempre se puede intentar, nadie dice que es fácil, pero debe ser muy gratificante.
Sin embargo, una forma de hacer las cosas bien es crear mejores posibilidades para los que vienen, entregarles la información necesaria para su propia creación, ayudarles a formarse una actitud crítica, exigirles profundidad de pensamiento, para que sean capaces de verse a sí mismos y forjarse sus propias metas, permitirles descubrir su sentido de vida, mostrarles una sociedad más humana, más cerca del hombre que del éxito que pueda alcanzar.
Si nos demoramos un poco más, ya ni siquiera vamos a encontrar intelectuales en el mercado. No van a existir. El intelecto se atrofia, sólo existirán robots, de carne y hueso.......pero ROBOTS.
Autor: Yésika Herrera Valenzuela
Normalista.

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