Friday, February 26, 2010


Los procesos de desinstitucionalización

En mi país venimos viviendo un sostenido proceso de desinstitucionalización en el que no cuentan para nada los seres humanos.

Veamos algunas notas de la desinstitucionalización:

- La ideología del “todos somos empresarios”. Recuerdo escritos difundidos hace unos 20 años en los cuales se decía que un niño limpiabotas era un “pequeño empresario”.
- La ideología dedicada a pintar las maravillas del trabajo en casa, gracias a la tecnología. No tendremos que salir de nuestro domicilio, nos ahorraremos las calles llenas de autos, podremos estar todo el día con nuestros seres más cercanos.
- La ideología de la ineficacia del estado. Es preciso desposeerse para mejorar, renunciar a todo el patrimonio nacional para que las cosas funcionen.
- La crítica ya tradicional a los excesos de la institucionalización: el ejercicio del poder y el sufrimiento institucional.
- En el campo de la educación, las propuestas de desescolarización de la sociedad, ahora retomadas por predicadores del neoliberalismo, como Mario Vargas Llosa.

Y hablemos ahora de las consecuencias:

- La eliminación de espacios de socialización e interacción.
- La soledad de los “desinstitucionalizados”, es decir, de los millones de seres sin trabajo que no tienen dónde ir.
- El estrechamiento de los espacios públicos.
- La agresión, el desfonde de los sujetos individuales y sociales (es decir, de cada persona en particular y a la vez de los grupos que se forman por lazos laborales, profesionales…).


El doble desfonde

Con el argumento de construir futuro, hemos asistido en mi país a un doble desfonde: el de los sujetos individuales y el de los sujetos sociales.

Desfonde de sujetos individuales por reducción de sus posibilidades de vida, por pérdida de sus derechos fundamentales, por abandono, por ruptura de sus posibilidades de supervivencia, por maltrato social generalizado.

Desfonde de sujetos sociales por estrechamiento de los lugares públicos, por expulsión de los mismos, por retirada del estado, por destrucción de los ámbitos donde uno se construye como ser social.
¿Se puede crear futuro con el desfonde de sujetos individuales y de sujetos sociales? ¿Cuál es el futuro de una escuela presionada a diario por ese doble desfonde?


Una síntesis

Recuperemos lo desarrollado hasta ahora.
Planteamos en primer lugar que en vez de hablar de escuela y futuro, tenemos que hablar de futuro y escuela. Reconocimos lo que significa proyectar futuro, en el sentido de despegarlo de nosotros, de empujarlo, literalmente, hacia delante. Distinguimos entre porvenir y devenir, en el sentido de un juego que se empecina, en el primer caso, en mostrarnos que todo está marcado, que el destino nos llamada inexorablemente. Y, por el contrario, el devenir como la posibilidad de crecer desde mí, de construir mi ser.

Declaramos nuestra preferencia por esta segunda alternativa, pero de inmediato pasamos a preguntarnos por lo que significa que otros estén decidiendo por nuestro futuro. Y dimos ejemplos terribles, con aquello de la abstracción de los seres humanos, el estrechamiento de los espacios públicos y el desfonde de seres individuales y sociales.

En fin, nos detuvimos en el concepto de utopía y en los alcances de las ideologías de la desinstitucionalización, con los cantos de sirena de sociedades en las cuales todo lo haremos a distancia, que somos todos empresarios y otras agudezas semejantes.

Bien, pero estamos aquí para preguntarnos por la escuela en el futuro. ¿No será hora de referirnos a ese tema? Lo intentaremos, pero quede claro que en cualquier momento volverán a aparecer estos condicionamientos del contexto nacional e internacional.


¿Una escuela de calidad?

Una palabra que siempre aparece en estas reflexiones es calidad. Para nosotros su primer sentido, su básico sentido, corresponde a la calidad de los seres humanos, todos quienes participan en las tareas correspondientes a los juegos de la enseñanza y del aprendizaje.

La calidad del educador como sujeto individual, construido en su capacidad de comunicar, de interactuar, de mediar con toda la cultura, de investigar, de producir intelectualmente.

La calidad del educador como sujeto social: grupos, equipos, redes de educadores, investigadores, productores intelectuales consolidados.

Del estudiante como sujeto individual: capacidad de expresión, seguridad, autoestima, disponibilidad de recursos de relación e interacción, comprensión de las ínter determinaciones de los fenómenos sociales, tolerancia, convivencia con la diversidad y las diferencias...

Del estudiante como sujeto social: capacidad de ínter aprendizaje, existencia de grupos de referencia, presencia, acción y visibilidad de los mismos en la sociedad, apertura hacia el contexto, espacios de encuentro...

Sin esa calidad, ¿de qué estamos hablando? Atentan contra la calidad la abstracción de los seres humanos, la desinstitucionalización, la concentración de la riqueza, la democratización de la miseria… En la medida en que esto continúe como hasta ahora y se vaya profundizando, será muy difícil la calidad.

Queremos hoy y en el futuro una escuela de calidad de todos sus seres humanos, una escuela digna en una sociedad digna.




¿Una escuela en la sociedad de la información y del conocimiento?

Una sociedad de la información y del conocimiento tiene tres condiciones imposibles de dejar de lado:

-saber leer;
-saber escribir;
-saber comunicarse con los demás.

Me refiero, con el primer punto, no sólo a la tan necesaria alfabetización tecnológica.
Me refiero a la capacidad de dar, de reconocer sentido a lo que se lee.
En 2001 el senado de Estados Unidos aprobó un sistema para asegurar ese camino: todo niño a los ocho años de edad debe ser capaz de dar sentido a lo que lee. El método corresponde a cada Estado y cada establecimiento, pero el control lo hace el gobierno federal. Una medida semejante se tomó para asegurar el camino hacia una sociedad del conocimiento.

Saber escribir: me refiero en primer lugar a la escritura de puño y letra, que tanto hemos cultivado en los sistemas educativos de nuestros países. Y me refiero también a la escritura tecnológica. Sin la primera, la segunda se estrecha, pierde posibilidades para esta marcha hacia el desarrollo de la construcción de conocimientos.

Saber comunicarse con los demás, porque si algo nos mueve en estos comienzos de siglo es la necesidad de la interacción humana, no sólo de la interactividad con los programas.
Y para promover la comunicación necesitamos crear entornos de aprendizaje donde se la practique, oportunidades sociales de relación.

Necesitamos hoy y en el futuro una escuela en la cual enseñemos a leer, a escribir y a comunicarme. Enseñemos y demos oportunidades para esas prácticas sociales.

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