Tuesday, October 28, 2008

Lactobacillus bulgaricus, Utah State University


La relación que existe entre nuestra flora intestinal es tal, que estímulos que nos lleven a emociones fuertes, pueden alterar la composición de la flora fecal, haciéndonos susceptibles a enfermedades. Así como el estrés, ya sea emocional o físico nos bajan las defensas permite que algunos microbios o virus que viven con nosotros sin hacernos daño se reactiven causándonos síntomas como en el caso de los virus Herpes.

Ahora bien, la vagina, por ser un ducto que se comunica con el exterior, también es muy rica en microbios que la habitan normalmente. Aquí el equilibrio dinámico es más frágil, por lo tanto las infecciones vaginales por microbios autóctonos son más frecuentes. El habitante más común de la vagina de las mujeres entre la pubertad y la menopausia es una bacteria llamada lactobacilo. Los estrógenos que son producidos durante la edad fértil de la mujer, hacen que se acumule en las células que conforman la vagina, un compuesto que se llama glucógeno. Este es utilizado como alimento por los lactobacilos produciendo como producto final el ácido láctico. El ambiente vaginal producido por este ácido, no permite que otros microorganismos proliferen en estos tejidos y mantienen la vagina sana. Cualquier desequilibrio que ocurra, ya sea a nivel físico o emocional podría desarmonizar este balance y producir las infecciones vaginales.


Técnica de Fluorescencia de Lactobacilus


La presencia de estos lactobacilos en la vagina es muy importante durante el embarazo, pues la posibilidad de que se produzcan enfermedades vaginales decrece. Una disminución de estas bacterias favorece a infecciones y estas a su vez, favorecen el parto prematuro. Según estadísticas, las adolescentes solteras y mujeres de escasos recursos, y en general, aquellas que no desean sus embarazos, son en las que se ha observado más cantidad de partos prematuros, en comparación con el resto de las mujeres. Existen muchos factores para explicar este fenómeno, pero no se ha tomado en cuenta el efecto de las emociones sobre la flora bacteriana de éstas y en la influencia que esto puede tener en el término del embarazo.


Se ha demostrado además que los/as bebés que son alimentados por leche materna tienen una resistencia mayor a las infecciones gastrointestinales y respiratorias en comparación con aquellos niñas/os que son alimentados con leche de vaca o fórmulas sintéticas. Esto se debe a que la leche materna tiene un factor que estimula la multiplicación de unas bacterias que se llaman bifidobacterias. Estos microbios son adquiridos por la/el bebé cuando éste pasa por el canal vaginal a la hora del parto, pues estas bacterias también son habitantes normales de la vagina. Las bifidobacterias cuando metabolizan los nutrientes que contiene la leche materna que ingiere la/el bebé, producen grandes cantidades de ácido láctico, el cual mantiene un ambiente de acidez en la mucosa intestinal, no permitiendo el crecimiento de otros microorganismos que pueden producir enfermedades.


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