Sunday, June 15, 2008

CONFLICTO SOCIAL

En todas las sociedades humanas hay conflicto, y todas ellas cuentan con sistemas para regularlo. Por lo general, el conflicto entre personas o grupos surge de la competencia por recursos, poder y posición social. Los miembros de la familia compiten por atención. Los individuos lo hacen por el trabajo y la riqueza. Las naciones por territorio y prestigio. Los distintos grupos de interés compiten para tener influencia y poder para crear reglas. A menudo, la competencia no es por recursos sino por ideas una persona o grupo quiere tener las ideas o la conducta de otro grupo suprimido, castigado o declarado ilegal.

El cambio social puede ser capaz de provocar conflicto. Son escasas o nulas las probabilidades de que se proponga un cambio político, económico o social que beneficie equitativamente a cada componente del sistema social y, por tanto, resisten los grupos que se observan como posibles perdedores. Las hostilidades y recelos mutuos se agravan por la incapacidad de los partidarios y adversarios de algún cambio para pronosticar en forma convincente cuál de todos los efectos provendrá de hacer el cambio o no hacerlo. El conflicto es particularmente agudo cuando sólo existen unas cuantas alternativas sin compromiso posible por ejemplo, entre la rendición y la guerra o entre el candidato A y el B. Aun cuando las cuestiones pueden ser complejas y las personas no difieran al principio mucho en sus apreciaciones, la necesidad de decidir una forma u otra puede conducir a la gente a posiciones extremas que apoyen su decisión como alternativa preferible.

En los grupos familiares y las pequeñas sociedades, las leyes se declaran por autoridades reconocidas, como los padres o ancianos. Pero casi todos los grupos desde facultades universitarias hasta tropas locales de niños exploradores han formalizado procedimientos para establecer reglas y arbitrar disputas. A gran escala, el gobierno proporciona mecanismos para solucionar conflictos por medio de la creación de leyes y su administración. En una democracia, el sistema político dirime el conflicto social por medio de elecciones. Los candidatos a un cargo dan a conocer sus propuestas para crear y modificar reglas, y las personas votan por quienes creen que tienen la mejor combinación de propósitos y las mejores oportunidades de llevarlos a cabo efectivamente. Pero la necesidad de realizar trueques sociales complejos suele impedir que los políticos cumplan todas sus propuestas una vez en el poder.

El deseo de tener libertad completa para ir y venir como a uno le plazca, cargar armas y organizar manifestaciones puede estar en conflicto con el anhelo de seguridad pública. El deseo de tomar decisiones eficaces y firmes en el extremo, una dictadura puede entrar en conflicto con el deseo de la participación pública en el extremo, una democracia en la que todos votan por todo. La creación de leyes y políticas, por lo general, implica la elaboración de compromisos que se negocian entre los diversos grupos de interés. Los grupos pequeños de personas con intereses especiales que ellos consideran muy importantes pueden ser capaces de convencer a sus miembros para votar con base en esa única cuestión y, por tanto, demandar concesiones provenientes de una mayoría más difusa.

Aun cuando la mayoría de las personas en una sociedad esté de acuerdo con una decisión social, la minoría que no lo esté puede tener cierta protección. En el sistema político estadounidense, por ejemplo, los gobiernos federal y estatales cuentan con constituciones que establecen derechos para los ciudadanos que no pueden modificar los funcionarios electos, sin importar cuán grande sea la mayoría que los apoya. Los cambios en esas constituciones por lo general requieren de mayorías muy grandes, de dos tercios o tres cuartos de todos los votantes, en vez de sólo la mitad más uno. Una estrategia para las minorías políticas consiste en unir esfuerzos, al menos temporalmente, con otros grupos pequeños que tengan en parte intereses similares. Una coalición de minorías puede ser capaz de ejercer una influencia considerable. Dicha coalición puede llegar incluso a ser una mayoría, siempre y cuando sus intereses comunes sobrepasen sus diferencias.

El sistema bicameral en la legislatura federal y en la mayor parte de las legislaturas estatales brinda una protección similar de los derechos políticos. En el Congreso, por ejemplo, la Cámara baja tiene representación en forma proporcional a la población, de modo que cada ciudadano del país está representado de manera igual. Sin embargo, la Cámara alta tiene exactamente dos miembros para cada estado sin importar su población, asegurando con eso que los ciudadanos de cualquier estado, sin importar si es pequeño, tengan la misma representación que los de otro estado, aun cuando sea grande.

Además, las sociedades han desarrollado muchas maneras informales de ventilar conflictos, incluyendo debates, huelgas, manifestaciones, encuestas, propaganda y hasta juegos, canciones y caricaturas. Los medios de comunicación proporcionan una instancia óptima para que grupos pequeños de personas con motivo de queja hagan proposiciones públicas de gran alcance entre el auditorio (y aun pueden alentarías). Cualesquiera de estas formas y medios pueden liberar tensiones y promover el compromiso o exaltar y polarizar más aún las diferencias. El fracaso para resolver o moderar conflictos conduce a un tremendo estrés en el sistema social. La incapacidad o la falta de voluntad para cambiar puede acabar en un alto nivel de conflicto: litigios, sabotaje, violencia o revoluciones y guerras totales. El conflicto intergrupal, legal o de otro tipo, no necesariamente termina cuando cierta porción de la sociedad logra al fin una decisión a su favor. Los grupos opuestos podrían entonces desplegar esfuerzos para revertir, modificar o evitar el cambio, y por tanto, el conflicto continúa. No obstante, la disputa también solidifica la acción grupal; tanto las naciones como las familias tienden a unirse en tiempos de crisis. En ocasiones, los líderes de estos grupos utilizan este conocimiento de manera deliberada para provocar conflicto con un grupo de fuera, a fin de reducir así las tensiones y consolidar el apoyo dentro de su propio grupo.





INTERDEPENDENCIA MUNDIAL

Las naciones y culturas son cada vez más dependientes unas de otras a través de los sistemas económicos internacionales y los problemas ambientales compartidos, como los efectos mundiales de la guerra nuclear, la deforestación y la lluvia ácida. Asimismo, aprenden más unas de otras por medio de los viajes internacionales y el uso de los medios de comunicación. Cada vez más, el sistema mundial se está convirtiendo en una red muy apretada, en la que un cambio en cualquier parte de ésta traerá consecuencias en el resto. Por ejemplo, los conflictos locales se extienden más allá de sus límites para involucrar a otras naciones; la fluctuación del abasto de petróleo afecta la productividad económica, los equilibrios comerciales, las tasas de interés y el empleo en todo el mundo. Se relacionan la riqueza, la seguridad y el bienestar general de casi todas las naciones. Hay un creciente consenso entre los líderes de la mayor parte de los países de que las políticas aislacionistas ya no son sostenibles y que las cuestiones globales, como el control de la proliferación de armas nucleares y la protección del sistema monetario mundial de fluctuaciones violentas, se puede conseguir sólo por la acción concertada de todas las naciones.

Las naciones interactúan por medio de una amplia variedad de arreglos formales e informales. Los primeros incluyen relaciones diplomáticas, alianzas militares y económicas, y organizaciones mundiales como las Naciones Unidas o el Banco Mundial. Sin embargo, a diferencia de los gobiernos nacionales, las organizaciones mundiales con frecuencia tienen sólo autoridad limitada sobre sus miembros. Otros arreglos incluyen intercambios culturales, flujo de turistas, intercambios estudiantiles, comercio internacional y las actividades de organizaciones no gubernamentales con membresía en todo el mundo (como Amnistía Internacional, campañas contra el hambre, la Cruz Roja y organizaciones deportivas).

La riqueza de una nación depende del esfuerzo y habilidades de sus trabajadores, sus recursos naturales, y el capital y la tecnología disponibles para la elaboración de la mayor parte de aquellos recursos y habilidades. Sin embargo, la riqueza nacional no sólo depende de cuánto puede producir un país por si mismo, sino también del equilibrio entre las importaciones de productos de otros países y las exportaciones hacia ellos. El comercio internacional no se debe sólo a que los países carezcan de ciertos recursos o productos, como petróleo, diversos granos alimenticios o automóviles eficientes. Aun cuando un país pueda producir todo lo que necesita, le beneficia comerciar con otras naciones. Si un país elabora sus productos de manera más eficiente (en términos de calidad o costo, o ambos) y los vende a otras naciones, un sistema tal permite teóricamente a todas las naciones participantes salir adelante.

Sin embargo, hay muchas influencias prácticas que distorsionan la realidad económica del comercio internacional. Por ejemplo, éste puede frustrarse por el miedo a la explotación por naciones más poderosas económica o políticamente, por el deseo de proteger grupos especiales de trabajadores quienes perderían frente a la competencia económica extranjera y por no querer llegar a ser dependiente de otros países para ciertos productos a los que no se podría tener acceso en caso de futuros conflictos.

Debido a los vínculos internacionales cada vez más numerosos, las distinciones entre política internacional y nacional pueden resultar poco claras en muchos casos. Por ejemplo, las políticas que determinan qué clase de automóviles o ropa comprar y a qué precios, se basan en el comercio exterior y la balanza internacional de pagos. La producción agrícola del país depende de los mercados extranjeros, así como de las políticas nacionales. Aun cuando los mercados internacionales pueden representar una ventaja para todos los países, pueden significar una gran desventaja para grupos particulares de personas dentro de las naciones. La producción barata de automóviles en los países de Asia, por ejemplo, puede beneficiar a los compradores de coches de todo el mundo; pero también puede llevar a la quiebra a los fabricantes en otros países. Por tanto, las políticas nacionales pueden necesitarse para evitar la penuria de tales grupos; esas políticas a su vez afectarán el comercio internacional. Las naciones con un consenso interno fuerte acerca de sus propias ideologías políticas o religiosas pueden llevar a cabo políticas extranjeras que promuevan de manera activa la difusión de tales ideologías en otros países y socaven grupos con ideas competidoras.

La creciente interdependencia de los sistemas social, económico y ecológico del mundo, dificulta predecir las consecuencias de las decisiones sociales. Los cambios en cualquier parte del mundo han podido ampliar los efectos en otra parte, con altos beneficios para ciertas personas y grandes costos para otras. También existe la posibilidad de que algunos cambios produzcan inestabilidad e incertidumbre, lo cual representa una desventaja para todos. La estabilidad mundial depende de que las naciones establezcan sistemas más confiables para hacer negocios e intercambiar información, desarrollar mecanismos de vigilancia para advertir de catástrofes mundiales (como el hambre y la guerra nuclear) y reducir la gran distancia en el estándar de vida entre las naciones más ricas y las más pobres. Las naciones, al igual que todos los participantes en los sistemas sociales, en ocasiones encuentran a su favor sufrir algunas pérdidas de corto plazo para lograr los beneficios de largo plazo de una economía mundial estable.

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